Con la chimenea encendida aun se sentía algo de frió por eso llame a uno de mis vecinos mas cerdillos para que me apapachara durante la noche contra su cuerpo y conseguir calentarme a mi gusto. El guarro sin mucho que hacer se puso mas que cachondo con la invitacion y lo que conseguí fue la noche mas tórrida de todo el invierno.